Relato
La noche era tranquila, demasiada tranquila pensó Erestor, hacia tres días que habían partido de Rivendel por orden de su señor Elrond, con la misión de encontrar un paso seguro hasta Dol Gulgur. Con él se encontraban treinta miembros de la escolta de Elrond.
  - Señor Erestor ha llegado un mensajero de Thranduil, necesitan nuestra ayuda.- Dijo uno de los elfos de Rivendel.
   - De acuerdo decidle al mensajero que parta y que le diga a su rey que mañana estaremos allí. ¡Soldados, preparaos para partir!
     Dicho eso los elfos cogieron sus armas, se pusieron sus cascos y comenzaron la marcha. No hubo tropa más veloz que aquella. Al amanecer llegaron al Bosque Negro un poco exhaustos, pero aún así dispuestos a luchar...



 
 
La noche era tranquila, demasiado tranquila pensó Erestor, hacia tres días que habían partido de Rivendel por orden de su señor Elrond, con la misión de encontrar un paso seguro hasta Dol Gulgur. Con él se encontraban treinta miembros de la escolta de Elrond.

- Señor Erestor ha llegado un mensajero de Thranduil, necesitan nuestra ayuda.- Dijo uno de los elfos de Rivendel.
- De acuerdo decidle al mensajero que parta y que le diga a su rey que mañana estaremos allí. ¡Soldados, preparaos para partir!

Dicho eso los elfos cogieron sus armas, se pusieron sus cascos y comenzaron la marcha. No hubo tropa más veloz que aquella. Al amanecer llegaron al Bosque Negro un poco exhaustos, pero aún así dispuestos a luchar.
En los límites del bosque había un anciano envuelto en una capa marrón con un ave en su hombro, que parecía  esperarles. El anciano les miró y les dijo.

- Pensé que no vendríais, en fin acompañadme toda ayuda es bien recibida, sobre todo ahora que la mayoría de las fuerzas de Thranduil se han ido a la Montaña Solitaria, no deberían inmiscuirse en asuntos de ese tipo.

- Estoy de acuerdo Radagast, los elfos deben preocuparse solo de sus asuntos, pero en fin yo solo soy un miembro de la escolta de Elrond.
Los elfos continuaron avanzando hasta que llegaron a un claro donde vio a un grupo de unos cincuenta elfos entre los árboles, y en el centro del claro había también otro elfo, de ropas grises y marrones que se mezclaban entre el bosque.

- Os estábamos esperando, por suerte no estamos solos los hombres del bosque están de nuestro lado. Mañana con la puesta de sol realizaremos nuestro ataque.
- ¿Cuántos son sus ejércitos Elwe?-Que así se llamaba el capitán del Bosque Negro.
- Ni idea Erestor, solo se que los orcos no están solos, las arañas los acompañan. Además de que están más seguros con la sombra de su señor.
- Tonterías, los orcos son orcos, incluso temen más a su señor que a vuestras grandes huestes.- Dijo Radagast.

Ellos tres continuaron hablando, hasta que la oscuridad invadió su campamento y cesaron de hablar para dar paso a un silencio.
Por la mañana Elwe salió junto con dos elfos más, para observar el campamento enemigo. Al volver sus rostros, aunque intentaban ocultarlo, estaban marcados por el miedo, menos el de Elwe que parecía igual que siempre.

- ¿Qué habéis visto?- Preguntó Erestor, preocupado al ver a sus rostros.
- Son como unos 300 orcos, simplemente nos triplican en número, y las arañas serán unas  veinte, menos de una colonia, pero no es eso lo que preocupa a mis soldados, algo les acompañaba, las antiguas leyendas eran ciertas. Uno de los nueve los protege, el oriental les acompaña.
- Eso es absurdo, Khamul tuvo que haber perecido con su antiguo señor, en fin se habrá aliado con el que le de seguridad, cobarde…-Dijo Radagast un poco sorprendido por esas nuevas noticias.
- De todas maneras lo mejor sería emboscarles, en la oscuridad son débiles.-Respondió Erestor intentando reponerse  de esas malas nuevas.
- Eso es imposible Erestor, este es el territorio de las arañas, este es su hogar, lo conocen mejor que nosotros.

Marcharon  dispuestos a tomar el paso, Radagast iba en cabeza  seguido de Erestor y lo elfos de Rivendel, detrás iban una gran cantidad de hombres de los bosques, asustados porque se acercaban a su mayor miedo. Erestor, no sentía furia contra ellos, sino lástima. Esos hombres habían nacido y crecido bajo el horror de aquella torre, ya ahora estarían justo allí.

La batalla iba a comenzar, los arqueros tensaron sus arcos, apuntaron  y al momento 30 orcos cayeron sobre la tierra. Los cuernos sonaron, y las arañas despertaron.

- ¡Cargad!- Gritó Radagast y tanto elfos como hombres cargaron, los orcos retrocedieron, y Radagast parecía imparable, parecía haber esperado este combate eternamente. Mataba con su daga, y lo hacía de igual manera con su bastón.

Las arañas se subían a los árboles y mataban a los elfos. Una araña se subió al árbol de Elwe que cayó y se unió a la batalla. Estaban rodeados  pero aún así Elwe y Erestor luchaban hombreo con hombro, matando arañas, degollando orcos La batalla no cesó hasta que sonó un cuerno. Lorien había llegado.

Los elfos aparecieron de la nada vestidos con brillantes armaduras y dirigidos por Celeborn. Los orcos huían pero los que lo hacían eran aniquilados por Erestor  y lo suyos. Las arañas se volvieron locas y en un último intento fueron atravesadas por los arcos élficos.
En ese último momento apareció el Oriental, uno de los nueve. Entonces lo hombres retrocedieron, pero los elfos no, y Celeborn se adelantó para atacarle. Ambos líderes lucharon, y Celeborn con mayor odio, si embargo no era suficiente. En un descuido Khamul le hirió en una pierna, y este cayó. Dejándole a merced del espectro.

-Suplica clemencia- Dijo el nazgul entre susurros.

Pero Celeborn no estaba solo por lo que Radagast hizo salir de su vara una potente luz que iluminó el bosque cegando a los orcos, y provocando que huyesen en desbandada. 
Khamul, consciente de su derrota, huyó a la torre a comunicarle a su señor de que había fracasado.

Cuando la batalla terminó, y curaron a los heridos, llegó el resto de las tropas con Elrond y Cirdan a la cabeza, los tres señores elfos estuvieron hablando en un concilio junto con Radagast, el bosque estaba en silencio, solo se oía la música de algunos elfos. Hasta que un hombre gritó:

-¡Allí en la colina!- Todos miraron y lo vieron. Sobre la colina estaba él, el Nigromante le llamaban, y a sus lados había espíritus de los caídos en aquella torre. Los sabios lo vieron, y se dieron cuenta. La conquista no sería sencilla, y todavía quedaban por vencer todos lo horrores de aquella torre. 
Y así observando la torre se quedó Erestor, pensando que la batalla final  estaba muy cerca, y no tardaría en llegar…
 
 
 


Comentarios  
Elwë Singolo
#1 Elwë Singolo 30-10-2007 12:48
Muy bueno Erestor, vaya maquinazo, sigue haciendo mas cosas de estas que se te dan bastante bien, mejora algunas cosas como no repetir mucho la conducta de lagun personaje, pero por lo demas estupendo 8)

Un saludo
Capitan_de_Minas_Tirith
#2 Capitan_de_Minas_Tirith 03-06-2009 08:04
muy bueno, creo que será una gran batalla contra el Nigromante, pero no se preocupen elfos porque yo tengo el Don de la Videncia y se que un mediano lo destruira :D

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