La Karahil

Recuerdo cuando mis padres me enviaron a Gondor en una carreta mercantil. Grande fue mi sorpresa al saber que viviría con un viejo soldado y lo imaginé como un cascarrabias medio sordo aunque como siempre mi imaginación estaba equívoca. Tarde veinte días en llegar hasta Minas Tirith, cuando vos sabrá que tan solo diez días tardaría un jinete a ritmo apresurado y dos más sin prisas, aquel comerciante con el que viajaba o no tenía prisa o era el hombre al que le agotaban los viajes pues estábamos haciendo paradas continuamente. Si me lo permitís os diré como era aquel comerciante puesto que también participa en la historia que cuento a vos, a pesar de que siempre llevaba un abrigo sin botones pero atado a la altura de la cintura por una cuerda y la cara cubierta, yo le veía el rostro a menudo y debo decir que era bastante interesante; tenía una cicatriz en el lado izquierdo de la cara, otra en la parte superior de la frente derecha y una más pequeña debajo de la oreja. El resto del cuerpo no se lo logré ver hasta mas tarde pero no adelantaré nada que no deba decir por el momento.
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