file El Maestro de los Valles Oscuros

25 Ago 2005 01:13 #12834 por Undrin
Buenas a todos,

algunos ya habréis leído relatos o pasajes que yo mismo he inventado o he tenido el placer de recrear; en la sección de relatos de esta web, en el suplemento no oficial de Baruk Khazad, y alguna que otra cosilla que siempre publico para entretener.

Sin embargo hay algo en lo que he estado trabajando desde hace poco, una trilogía completa (a modo de El Señor de los Anillos, pero ojo, sin tener nada que ver directamente con la obra del Maestro Tolkien) que narraría el desarrollo de una profecía en la vida del mayor guerrero jamás nacido.

Realizar un relato siempre es lento, tienes que tener muchísimas cosas en cuenta y muy a menudo hay que dar un paso atrás para que en un futuro todo concuerde, pero siempre había querido hacer algo parecido y espero terminarlo algún día (dentro de muchos años).

Así pues, de este proyecto a muy largo plazo tan sólo he tenido el tiempo de terminar el prólogo, que por otro lado quiero (a ser posible) que todos vosotros disfrutéis, y déis vuestra opinión.

He creado una pequeña mitología para explicar el inicio de la historia pero con una función más explicativa; la de mostrar el inicio de la profecía.

Gracias a todos por tomaros la molestia de leer este \"ladrillo\".


Un saludo.

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25 Ago 2005 01:15 #12836 por Undrin
EL MAESTRO DE LOS VALLES OSCUROS

LA UNIÓN DE LOS REINOS

“Una profecía. Un guerrero. Un único destino”

-PRÓLOGO-

El origen de la profecía

Nuestro mundo se ha forjado con el paso y resultado de cruentas batallas y largas guerras así como los más grandes guerreros han sido y serán para siempre recordados en el corazón de los que luchamos junto a ellos, porque al fin y al cabo nosotros fuimos los que pudimos observar la destreza de Trístan en los Vados de Agsén o el fatídico final para las tropas que osaron interponerse entre los bareanos y la Atalaya de Tubet. Aquellos tiempos fueron sin duda una frágil excusa para declarar la guerra a cuantos enemigos se arrastraban desde antaño, y de no haber sido por la espada del hijo menor de Joseul, Rey de Medea, la sangre aún yacería perpetuamente en las murallas de nuestros reinos. Ahora, cuando casi cincuenta años nos separan de las interminables cargas de caballería y de las continuas noches de armas bajo la luz de la luna, yo, actual Rey y Regente del Reino de Omaria, hago balance de lo que tuvimos y pudimos perder, de lo que perdimos pero pudimos conservar, y aún sigo sin encontrar la explicación a la respuesta que Trístan me procuró cuando le pregunté: ¿Se puede morir por amor?.

Para que comprendierais la historia de los Reinos de Ariadán haría falta que os contara primero lo que sucedió en aquella región cuando los hombres aún no habían nacido y eran los Yriónteros, dioses, los verdaderos dominadores del mundo. Altos como gigantes y tan poderosos como las bestias, los Yriónteros eran increíbles guerreros y hacedores de indestructibles instrumentos destinados a causar el mayor número de muertes en los ejércitos contrarios y tropas enemigas. Sin embargo, a pesar de la gran altura que les caracterizaba tan sólo adoptaban sus colosales proporciones para dirigir a sus ejércitos, y durante la mayor parte de su vida se mostraban con una altura equiparable a la de los hombres en la actualidad.
Cada uno poseía su propio reino en Ariadán, ocho grandes ciudades en total, pero fuera de la región, en la oscuridad de Gûmdola, tres Yriónteros renegados afincaron sus moradas en las tierras del mal para construir allí tres poderosos bastiones: Engkâos, Lûrzhia y Rurfûn.
Ningún sabio puede indicar la verdadera razón por la cual tres dioses renunciaron a la luz y belleza de Ariadán, y no creo que ningún mago, rey o guerrero vaya a saberlo jamás, pero es lo único que se conserva en los documentos antiguos que se rescataron tras la guerra que destrozó el mundo y que dejó paso a la vida de los hombres.
Según cuentan, cuando se finalizó su construcción, los tres reinos de Gûmdola arremetieron contra la ciudad más cercana a su oscura región, Grienia, y la destruyeron. Durante el ataque la gran Yrióntera Grúnia fue herida de muerte y tras arrastrarse hasta el reino de su hermano mayor y alertarle de la traición, pereció. Deskos, sabedor de que los Yriónteros tan sólo podían ser heridos de muerte por otro mismo dios, mandó mensajeros a los demás reinos para informar del ataque iniciado desde Engkâos, y tras reunir a sus tropas partió de Dijea, su reino, para interceptar a las tropas de Gûmdola y vengar a su hermana en el Abismo de Jhizón, un eterno valle árido cuyas cumbres sólo dejaban entrever el lugar al que creías dirigirte. Cuando llegó a la cumbre más alta de Jhizón, Deskos observó con temor el ejército que había destruido Grienia pues estaba formado por al menos setecientos mil Driónteros.

Dado que estoy algo mayor he olvidado hablaros sobre la población más numerosa de los tiempos antiguos y por ello aún no os he explicado el origen y existencia de los Driónteros. Estos guerreros eran lo más parecido a un hombre en la antigüedad, aunque más altos y fornidos que estos últimos. Podían llegar a medir en torno a los tres metros de altura y su fuerza era tal que actualmente podrían arrancarle la cabeza de cuajo a un oso con sus propias manos. Los Driónteros estaban en el mundo para servir a los Yriónteros y tan sólo morían si su pecho o cabeza era traspasado por algún arma. De hecho, algunos Driónteros llegaron a ser tan poderosos como sus señores, pero la extraña mortalidad yrióntera no les permitió superarlos y durante toda su existencia en el mundo se limitaron a obedecer y a formar parte de los enormes ejércitos de antaño.

Fue pues, un intento inútil emboscar al ejército proveniente de la Región de Gûmdola para detener su avance hacia el resto de Ariadán, y tanto Deskos como Dijea fueron masacrados y reducidos a ceniza. Sin embargo, este gesto de valor del Yrióntero y su ejército sin duda fue clave para que sus mensajeros llegaran con vida para informar de lo ocurrido, y los seis reinos restantes de la Región de Ariadán; Trúyia, Sínia, Laoconia, Omaria, Yiania y Medea, reunieron sus ejércitos para hacer frente a las tropas de Engkâos, Lûrzhia y Rurfûn.
De esta batalla tan sólo tenemos dos representaciones; la que se narra en los fragmentos de los diversos documentos encontrados y una desgastada pintura en la dura roca del castillo de Medea, la cual muestra el momento más glorioso del Yrióntero Mediam.
Pero a pesar de las escasas pruebas de su existencia nunca nadie se atrevió a negar que la batalla fuera verdaderamente librada pues la profecía que allí se conjuró se hizo realidad cientos de años después. Se cuenta que la Gran Batalla duró diez días, diez días de incesante clamor y lucha, de dolor y sufrimiento, de ira y odio... la verdad, no veo la diferencia entre las guerras ocurridas hace mil años respecto a las que yo mismo presencié y que tan profundamente me marcaron dejando cuantiosas cicatrices.

En el primer día de la Gran Batalla los ejércitos pudieron observarse mutuamente. Entre las tropas de Ariadán se encontraban los seis Yriónteros restantes de la región; Treorn de Trúyia, Sialá de Sínia, Lirkunia de Laoconia, Omec de Omaria, Yaedia de Yiania y Mediam de Medea.
A pesar de formar una alianza de seis reinos su número de Driónteros era menor al de Gûmdola, y entre los miles de yelmos reunidos en Engkâos tres guerreros ataviados con negras armaduras mostraban su terrible poder, eran Engkíono, Lurkhia y Ruofarn, Yriónteros oscuros y viles traidores.
Durante el segundo día de armas la situación se tornó trágica para Ariadán ya que Lurkhia logró atravesar las filas de Treorn y le alcanzó con su lanza en la garganta. Sin embargo en el tercer día los duros ataques de Yaedia y Lirkunia hicieron retroceder a los Driónteros de Engkíono, que temeroso se refugió en las montañas, mientras Mediam, el más joven entre todos los Yriónteros y enamorado profundamente de la bella Yaedia, logró herir con su espada el brazo de Lurkhia y de no haber sido por los Driónteros de Lûrzhia la oscura guerrera habría caído bajo la hoja de la espada de su enemigo. Este acto de valor propició que Yaedia se enamorara del joven y así fue como el amor surgió en la batalla.
Ruofarn, testigo de todo lo ocurrido, dividió a todas sus tropas y mandó atacar primero a Sialá, artífice de numerosas bajas en el sur, y después a Omec, que gracias a su arco impedía la reorganización de Gûmdola en el norte. Ambos Yriónteros sucumbieron a los tres días, el sexto de la batalla; ella cayó cuando Lurkhia apareció de nuevo en el campo de batalla y le atravesó con su lanza el corazón, él, fue rodeado por las tropas de Ruofarn y cuando creyó haberse librado del asedio, Engkíono le sorprendió por la espalda cuando retornó de su huída en las montañas.
Así pues, al séptimo día del inicio de la Gran Batalla tan sólo habían sobrevivido Lirkunia, Yaedia y Mediam, pero los Driónteros eran ahora menos numerosos en el lado opuesto.
En el octavo día las tropas de Lûrzhia y Engkâos fueron definitivamente derrotadas. Lirkunia y Yaedia lograron dar muerte a Lurkhia, pero antes de morir, la Yrióntera logró nuevamente alzar su lanza y arrojársela a Yaedia, sin embargo Lirkunia se interpuso en la trayectoria y resultó muerta, mientras tanto, Mediam logró degollar a Engkíono tras una igualada lucha en la que el joven Yrióntero resultó herido de gravedad tras perder su arma a causa del acoso de los últimos Driónteros de Engkâos.
Sin embargo, el noveno día de la batalla se recuerda desde entonces como el más trágico, porque aún luchando unidos tanto por la esperanza del renacer de un nuevo mundo como por su joven pero fuerte amor, Mediam no pudo evitar que Ruofarn matara a Yaedia, y cegado por la desesperación de haberla perdido huyó hacia Medea. Hasta allí avanzaron las tropas de Rurfûn dirigidas por Ruofarn y cercaron la ciudad.
Al décimo día, Mediam mandó dejar sin oposición las Puertas de Medea y cuando las tropas enemigas iniciaron la invasión el joven Yrióntero se postró ante un ejército de doscientos mil Driónteros acompañado tan sólo por su montura, el magnífico corcel Gírnian. Montado en él atravesó las filas de las tropas de Rurfûn y mató a muchos enemigos; algunos dicen que fueron setecientos los Driónteros que cayeron bajo su nueva espada mientras otros afirman que fueron dos mil, en cualquier caso, Mediam logró llegar hasta la posición de Ruofarn y logró cortarle un brazo, el izquierdo, que era con el que manejaba su poderosa maza de acero forjado. Debido a sus deseos de venganza, en vez de acabar definitivamente con él y poner fin a la masacre, Mediam hizo que Ruofarn se incorporara para verle el rostro en el momento de su muerte, situación que el poderoso Yrióntero aprovechó para iniciar una conversación con el joven, la cual copio exactamente del documento rescatado en Medea y que desde hace algunos años está en mi posesión:

- ¿Sabes guerrero, que la muerte para un Yrióntero no es el final de su existencia sino el inicio de una nueva vida en otro mundo diferente?, es otra oportunidad para nosotros.
- Ahórrate tus palabras traidor, tu hora ha llegado y todas las tropas que te siguieron para atacar Ariadán presenciarán tu final, el momento en el que Ruofarn, Señor de Rurfûn, fue decapitado por la hoja de Mediam.
- ¿No entiendes lo que te digo?, la hermosa Yaedia te está esperando en los albores de la mortalidad, ¡no oses abandonarla!
- ¡Maldito seas!, ¡no oses tú pronunciar su nombre!, observa la tierra y el cielo por última vez e intenta engañarte a ti mismo cuando tu cabeza vea de frente tu cuerpo.
- Iluso, soy el más poderoso de los Yriónteros y aunque yo desaparezca mi semilla perdurará en este mundo.
- No lo creo. He escudriñado el futuro de mi reino y he logrado ver que el segundo Heredero de Medea después de haber pasado mil años tras mi muerte se convertirá en el mejor de todos los guerreros y será invencible en batalla. Nunca conocerá la derrota.
- ¿Nunca?, eres aún joven para comprender que esta palabra no tiene significado alguno en la guerra. El Heredero de Rurfûn dará muerte a cualquier guerrero, incluso al más hábil de todos ellos.
- Al parecer eres tú el que no entiende lo que digo, te repito que será invencible y que no habrá victoria posible contra él.
- Todo guerrero, incluso el más poderoso de cuantos hayan pisado este mundo tiene un punto débil, y el de tu heredero será precisamente el que causará tu perdición. Me refiero al amor.
- Si el amor es testigo de mi triste destino también será el motivo por el que mi heredero sucumbirá a la muerte, pero no de otro modo.
- Me parece justo.
- Así sea la profecía que ahora firmaremos con nuestras muertes.
- Sea así.

Finalmente, Mediam decapitó a Ruofarn y después se atravesó con su propia espada pues las oscuras palabras del poderoso Yrióntero actuaron como veneno en el recuerdo del joven, que al imaginarse su vida sin Yaedia decidió acabar con su sufrimiento y dejar paso, mil años después, al mayor guerrero jamás nacido.
La estabilidad del mundo se vio truncada por la pérdida de todos los Yriónteros y la tierra se consumió acabando con toda la vida existente; Driónteros, animales y plantas. Tan sólo los diferentes reinos, tanto de Ariadán como de Gûmdola, conservaron sus ruinas y lograron así oponerse al Cambio del Mundo. Un mundo que durante casi quinientos años quedó deshabitado hasta que, por fin, llegó el tiempo de los hombres.


La supremacía de los hombres

Como ya he comentado, la repentina pero obligada extinción de Yriónteros, Driónteros y otros seres no fue sustituida por la aparición de los hombres de la noche a la mañana, pasarían quinientos años hasta que los descendientes del nuevo mundo encontraran el emplazamiento de sus respectivos reinos.

Así pues, los hombres que buscaron con ímpetu el mar y viajaron a través de todo Ariadán para observar el océano se dividieron y marcharon en diferentes direcciones; Unos optaron por dirigirse al noroeste de la región encontrando los derruidos pero antaño hermosos puertos del Reino de Laoconia, mientras otros viajaron al sudoeste descubriendo el Reino de Grienia, el primero en sufrir hacía ya cinco siglos el ataque de Gûmdola y por ello el menos dañado en Ariadán por el Cambio del Mundo debido a la lejanía de la batalla que lo propició. Sin embargo, los grienios que no fueron convencidos por el mar y cuya pasión por los océanos quedó en curiosidad se separaron de sus hermanos y familias y marcharon, aunque no muy lejos, al noreste. Ellos fueron los que descubrieron, tras conseguir la gran hazaña de atravesar el Abismo de Jhizón, las cenizas de Dijea.

En oposición, los hombres que poseían un oscuro corazón y a los cuales el mar horrorizaba viajaron muy al sur de la región y se adentraron en Gûmdola. Allí, ocuparon los emplazamientos de Engkâos, Lûrzhia y Rurfûn, construidos por los tres Yriónteros renegados, y su maldad fue mayor. Estos hombres juraron vengarse de los Reinos de Ariadán pues su territorio no contaba con buenos recursos para sobrevivir y la cercana riqueza y belleza de Grienia despertó su envidia.

Aquellos que siguieron las veredas y sendas montañosas lograron alcanzar Sínia, un enclave de difícil situación geográfica rodeado por los picos y cumbres más elevados de Ariadán.
Personalmente tengo que decir que Sínia es sin lugar a dudas, quizás junto a Yiania, el territorio más difícil de conquistar, pero mucho más complicado todavía resultó defenderlo.
De la reorganización de los hombres que no pudieron aguantar las dificultades del viaje a Sínia apareció el grupo que decidió viajar más al sur. Estos hombres llegaron al Reino de Omaria, situado estratégicamente tras las montañas para evitar los ataques desde Gûmdola.

Los hombres más decididos no prosiguieron ninguna senda, tan sólo se limitaron a viajar a lo largo de toda Ariadán para finalmente toparse con las murallas de Trúyia, reino situado en el centro de la región. Estos hombres se caracterizaron por su bondad ya que ofrecían ayuda a todos aquellos que cruzaban su complicado territorio delimitado por dunas y falsas visiones, un lugar perteneciente al desierto.

Hasta el norte de Ariadán llegaron los hombres más resistentes y fuertes, y debido a ello, las disputas por el control del futuro reino que tarde o temprano encontrarían eran continuas. Finalmente, cuando descubrieron Yiania, los problemas de convivencia se transformaron en sangrientas luchas y muchos hombres pertenecientes a ese mismo pueblo murieron. Para evitar más pérdidas, los ancianos, valorados como los hombres más inteligentes y venerados, se reunieron y dieron lugar al llamado “Engaño de Prasís”, que consistió en organizar el combate que decidiría el control de Yiania fuera de las murallas de la ciudad. El combate enfrentaría a los dos mejores guerreros, cada uno perteneciente a un bando diferente, y el primero que matara al contrario obtendría el control del reino quedando el bando del guerrero perdedor fuera de él, obligado al exilio y desterrado bajo pena de muerte. Sin embargo, cuando los guerreros habían recibido ya numerosas heridas y sus fuerzas comenzaban a desaparecer, los artífices del engaño, el anciano Prasís entre ellos, ordenaron cerrar las puertas de la ciudad.
La conclusión fue, pues, que con los dos mejores guerreros fuera de la ciudad no habría nadie capaz que pudiera reclamar el poder del reino y éste quedó repartido entre los ambiciosos ancianos.
Sin fuerzas e inconscientes tras haber viajado durante doce días y doce noches sin comida ni agua, estos dos guerreros fueron recogidos por unos exploradores truyianos que no dudaron en llevarlos hasta su ciudad, donde fueron alimentados y curados de sus heridas.
Una vez recuperados, el Regente de Trúyia les ofreció entonces una compañía de hombres de armas para viajar hasta Yiania y reclamar la cabeza de los ancianos. Pese a la traición, los dos guerreros aceptaron a la compañía con el único propósito de ayudarles a encontrar un hogar en el norte. Así fue como tras sesenta y cinco días tras haber partido de Trúyia lograron encontrar las ruinas de Medea. Debido a la grandeza de aquel reino la compañía de truyianos decidió quedarse allí para reconstruir la ciudad y hacerla inmune a cualquier otra traición.

Todos los reinos fueron definitivamente recuperados, es decir, reconstruidos en su totalidad, trescientos años después, habiendo pasado con ello ochocientos años tras haberse pactado la profecía. Sin embargo no fueron tiempos de paz; Laoconia y Grienia se disputaban el control de los océanos mientras las tropas unificadas de Gûmdola atacaban Dijea y todo el sur de Ariadán.
Omaria sintió en numerosas ocasiones el acoso de los sionios, que reclamaban para sí el control de todo el sistema montañoso del este de la región.
El Reino de Yiania, aprovechando que sus murallas defendían todo su territorio, atacó Medea con el fin de controlar todo el norte de Ariadán, pero la valentía de los guerreros medeanos junto al apoyo de Trúyia logró evitar la conquista.

Las diferentes guerras entre los territorios se sucedieron durante casi doscientos años hasta que, obligados por una nueva amenaza, todos los reyes de los diferentes territorios de Ariadán decidieron reunirse para firmar la paz y hacer frente conjuntamente al Heredero de Ruofarn, nuevo señor de Rurfûn, que a punto estuvo de conquistar el Reino de Grienia tras un sangriento ataque en el que muchos defensores, se data de unos dos mil quinientos aproximadamente, resultaron muertos.
El nuevo Señor del Mal recibió el nombre de Khiaz-Mûn, y en poco tiempo se convirtió en el más poderoso de todos los hechiceros al conseguir prolongar su vida ciento diez años manteniendo su estado más desarrollado y aterrador para la guerra. Según la leyenda él sería el encargado de dar muerte al mejor de los guerreros y ser conocedor de esta condición le permitió participar en todas las batallas sin temer a la derrota.

Pero el nacimiento más esperado en Ariadán se hizo realidad cuando la Reina Yulia de Medea dio a luz a su segundo hijo, Trístan, hijo del Rey Joseul. La noticia de su nacimiento recorrió toda la región y el rumor terminó llegando a Rurfûn, donde Khiaz-Mûn presenció en su mente la aparición del pequeño que poco a poco crecería hasta convertirse en un valeroso y terrible guerrero.


Y bien, todo lo narrado hasta ahora está perfectamente detallado en Libro de Fíyian, el cual actualmente está escondido en la cámara de Grienia, donde los mayores tesoros del pasado yacen en la oscuridad.

Sin embargo, no todos los documentos de mayor importancia llegaron a la Ciudad del Mar...

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25 Ago 2005 04:05 #12845 por Hermam
Esta genial, me gustaría ver que de verdad cumplas tu proyecto de crear aunque sea un libro.

Suerte.

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25 Ago 2005 13:21 #12856 por Merry
¡Si Señoooor! ¡aqui hay talento! :lol: no dejes que la idea se enfrie, camina lento pero constante, seria una lastima que no desarrollaras tu historia :(

¡Animo compañero, tu vales!

El humor existe para recordarnos que por muy alto que sea el trono en que uno se sienta, todo el mundo utiliza su culo para sentarse.

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25 Ago 2005 19:21 #12898 por Undrin
Gracias a los dos (por cierto cuanto tiempo sin leeros).

Ahora mismo tengo otro gran proyecto (en grupo) en perspectiva y esto tendrá que esperar. Pero ni mucho menos lo dejaré apartado del todo.

Gracias de nuevo.


Un saludo :) .

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02 Sep 2005 15:29 #13814 por JORAM
Ey! está bastante bien, me gusta!
espero que no desesperes en el intento, ya que escribir un libro de esas características debe ser una arudua empresa!
pero en serio, no te desanimes, sigue escribiendo porque tiene buena pinta!
y quien sabe...quizá algún día puedas ver por aquí como la gente conversiona sus propios yriónteros... ;)

Cuando hayas cortado el último arbol, contaminado el último rio y pescado el último pez, te darás cuenta de que el dinero no se puede comer

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07 Sep 2005 19:39 #14469 por Undrin
Quién sabe... :whistle:

Gracias por las molestias.


Un saludo.

PD: Si tenéis alguna duda sobre la Introducción no tenéis nada más que preguntar.

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09 Sep 2005 14:30 #14765 por Eorlinga
Saludos Undrin.

Ya he leído varios de tus relatos y este es sin duda el más elaborado.

Ánimo, lo que haces no está al alcance de cualquiera. Imaginar,crear y escribir es un proceso lento, pero con constancia y dedicacion lo lograras.

Aún así los cambios según avances en la historia serán interminables.

Mucha suerte y que los ados te acompañen y guien.

NAMÁRIË

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10 Sep 2005 02:13 #14868 por Tumorco
Buag buag
Yo esoty estudiando Audiovisuales en la universidad, cuando lo termines llámame y ruedo la película ;)

La Ciudad rebosa MIEDO... Aliviemos su pesar... ¡¡¡SOLTAD A LOS PRISIONEROS!!!

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10 Sep 2005 03:24 #14884 por Feathalion
Tienes el don de la palabra escrita

Si sigues a este paso te abres camino en la literatura de ficción.
Espero con impaciencia que se cumpla tu promesa.

Por cierto yo tengo dotes interpretativas muy buenas ;) toma nota Tumorco<br><br>Post editado por: feathalion, en: 2005/09/09 23:26

Namárië

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12 Sep 2005 20:12 #15170 por Undrin
De nuevo gracias (no me cansaré de darlas) por vuestro tiempo.

Ya me he puesto en contacto con Peter Jackson y dice que después del remake de King-Kong y de El Hobbit podrá dedicarse enteramente a El Maestro de los Valles Oscuros :cheer: .


Un saludo.

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