Pues eso, os dejo aquí con un artículo interesantísimo que he encontrado sobre la política.
Esta es la url
www.terra.es/personal3/fjaqueti/cgeh/analisis.htm
Y aquí copio entero el artículo
POLÍTICA EN LA TIERRA MEDIA
Nota previa: Esta conferencia fue concebida originalmente como una mesa redonda, con una breve introducción sobre las distintas entidades políticas de la TM seguida de un debate entre los asistentes. Debido a esto, la lectura aislada de la conferencia puede dar la impresión de ser incompleta o de dar muchas cosas por sentado, pues no se explican los razonamientos que me han llevado a hacer las afirmaciones que pueden hallarse en este texto. Puedo asegurar que todas las conclusiones que extraigo son fruto de una cuidadosa reflexión, y quien esté especialmente interesado en el tema puede consultar los artículos sobre el mismo que se han publicado en el ESTEL, donde pueden encontrarse todos estos razonamientos completos. En cierto modo, esta conferencia es una síntesis, forzosamente breve, de estos artículos.
Cuando se habla de “política en la TM” lo primero que hay que hacer es aclarar el significado de los términos. La política en la TM se puede referir a dos aspectos: la organización interna de los “Estados” existentes en la obra de Tolkien (entrecomillando “Estados” debido a que estas entidades políticas distan de ser “Estados” en el sentido usual del término); o bien las relaciones internacionales que mantienen estos Estados entre sí. Por razones de espacio y brevedad, excluiré deliberadamente del análisis este segundo aspecto, aunque en alguna ocasión tendré que hacer referencia a él. Igualmente, excluiré del análisis la situación en la Primera y la Segunda Edad, por dos razones: la primera, la ya mencionada del espacio y la brevedad; la segunda, que la Tercera Edad es el escenario de “El Señor de los Anillos” , la más conocida de las obras de Tolkien, y por tanto parece adecuado restringir a ella el análisis.
Sin embargo, antes de entrar en el análisis propiamente dicho, habrá que sentar unas líneas generales para su realización. Hay que tener en cuenta que un análisis político de la TM supone la aplicación de las normas de análisis de la política de nuestro mundo a un mundo ficticio y muy distinto del nuestro. Hay cuatro factores que no se dan en el mundo real y sí se dan en la TM, lo que supone forzosamente que el análisis no puede limitarse a aplicar nuestras técnicas de estudio a la TM. En tal caso, obviaríamos estas diferencias, y el resultado de nuestro análisis no sería consistente.
Estos cuatro factores son:
*La importancia de la magia. La magia es un factor político y diplomático de primer orden, lo que (evidentemente) es imposible en nuestro mundo. P. e., un país como Lórien, pequeño, poco poblado, con escasa tecnología militar (arcos y flechas) y relativamente cerca de una fuerza enemiga y expansionista (Dol Guldur) no sobreviviría en nuestro mundo durante mucho tiempo. Y sin embargo, en la TM puede sobrevivir durante milenios porque “no pienses que el país de Lothlórien resiste y se defiende sólo con cantos en los árboles, o con las débiles flechas de los arcos élficos” (Sda, libro II, capítulo 7); la presencia de Galadriel y del anillo Nenya otorga a Lothlórien una protección que ningún Estado real puede tener. Y éste es sólo un ejemplo, hay muchos más, sobre todo en la Primera Edad (Doriath, Gondolin, Nargothrond, la misma Angband...).
*La imposibilidad de usar la diplomacia contra el enemigo. Ni Sauron ni Morgoth llegan a pactos de no agresión o intentan firmar la paz con sus enemigos. Su idea de la diplomacia es algo así como “sométete o muere”. No tienen países aliados, sino esclavos o todo lo más reinos tributarios. En el mundo real, incluso Hitler intentó firmar la paz cuando peleaba en dos frentes (época de la Batalla de Inglaterra y la lucha en el frente ruso). Pero para Sauron todo lo que no se le ha sometido es enemigo. Sólo antes de la guerra intenta hacer unos breves esfuerzos, enviando un mensajero a Erebor. Pero iniciada la guerra no hay posibilidades de pedir un alto el fuego, o una tregua. Ni siquiera después de la brutal derrota de los Campos del Pelennor; en la “cumbre” entre Aragorn y la Boca de Sauron lo podemos ver con claridad. La única opción que da la Boca es la de rendición total y absoluta.
*La perdurabilidad. Todo en la TM sucede durante periodos de tiempo muy largos. Sauron representa una amenaza desde Mordor desde el año 1000 SE hasta el año 3019 TE; o sea, más de cinco mil años. Por otro lado, la guerra entre Gondor y Mordor dura más de 500 años, porque “desde los tiempos de Denethor I nunca volvió a haber verdadera paz, y aun cuando no hubiera en Gondor una gran guerra, o una guerra plenamente declarada, sus fronteras estaban bajo una amenaza constante” (SdA, Apéndice A). Elrond, Galadriel, Círdan y Fangorn gobiernan sus respectivos territorios desde tiempo inmemorial, y extienden su influencia de una manera impensable para nuestros cerebros mortales. Gandalf se pasa desde el año 1000 TE dando vueltas por la TM . Teniendo en cuenta que para nosotros todo lo que pase de los 80-100 años que constituyen nuestra esperanza de vida es difícilmente comprensible, nos va a costar comprender hechos que abarcan tal cantidad de tiempo.
*El factor racial. Los análisis políticos sobre Estados de nuestro mundo tienen en cuenta que los líderes políticos, así como los creadores de las leyes y de las instituciones, son humanos. Como tales humanos, son parecidos a nosotros; podemos entender sus sentimientos e ideas, y sólo necesitamos conocer las circunstancias de lugar y tiempo para comprender su actuación. Pero esto no es así en la TM: Elrond, Gil-galad, Fëanor y tantos otros personajes no son humanos. No podemos entender sus sentimientos y razonamientos, no compartimos su lógica o su percepción de las cosas. Lo mismo si hablamos de los Enanos o de los Orcos. Si estamos analizando a seres que no son humanos con las leyes que hemos creado los humanos, evidentemente el resultado no será acertado.
Sentadas estas líneas, parece obvio que en la realización del análisis deben extremarse las precauciones. Obviamente, dado que la TM no es un mundo real no hay posibilidades de obtener un análisis verídico. Se trata de conseguir un análisis razonable, que pueda ser defendido con datos y razonamientos extraídos de la lectura de la obra de Tolkien. Desde este punto de vista, no hay análisis políticos mejores o peores, sino mejor o peor argumentados. Y un análisis que no tenga en cuenta esos cuatro factores estará mal argumentado.
La primera entidad a analizar es la Comarca. La Comarca es una entidad política peculiar, pues no se rige por el Derecho. La vida de los hobbits es tan plácida que no necesitan regular la variedad de situaciones jurídicas en las que cualquier sociedad más activa puede verse. La política, como tal, es casi inexistente en la Comarca. El único “órgano” más o menos importante es el Alcalde, y como tal “su casi única obligación consistía en presidir los banquetes en las fiestas de la Comarca” (SdA, Prólogo). Tiene además funciones meramente administrativas como Jefe de los servicios de Correos y de los Oficiales, pero no tiene una capacidad de decisión real. Se limita a gestionar estos servicios como responsable último, nada más. De acuerdo con nuestra concepción de las cosas, la Comarca es inviable: toda sociedad necesita Derecho (“ubi societas, ibi ius” reza un viejo aforismo latino: donde hay sociedad, hay Derecho). Además, resulta inconcebible una sociedad donde no hayan crímenes, la policía se limite a ser guardias campestres que se ocupan más que nada de animales extraviados (y sólo haya 12 Oficiales en todo el territorio), etc... Sin embargo, la Comarca es viable (en la TM y de acuerdo con las leyes de la TM) y esto es un buen ejemplo de lo que decía antes: limitarnos a afirmar que la Comarca es inviable porque no podría ser viable en nuestro mundo es un error.
La Comarca parece ser una especie de territorio autogestionado, prácticamente sin relaciones con el exterior (excepto algún esporádico contacto con Bree) en el que la vida cotidiana se organiza de acuerdo con la costumbre y la tradición: los hobbits se limitan a vivir como lo hacían sus antepasados. No hay lugar para la burocracia, la Administración, los impuestos, etc... Es casi casi un paraíso terrenal, y así es como lo concebía Tolkien.
Quizá el tema más peliagudo en la Comarca es la distribución de la riqueza. Aparentemente, si hay ricos propietarios (como Bilbo) deberían haber pobres que trabajaran duramente de sol a sol para permitir a sus explotadores vivir sin trabajar; debería ser un sistema señorial. Pero no lo es; en la Comarca no hay pobres. En mayor o menor medida, todos los hobbits de la Comarca tienen tierras o propiedades suficientes para garantizar una vida digna. Ciertamente, tienen que trabajar, pero dadas las condiciones de vida en la Comarca ni siquiera el trabajo es excesivamente duro. Los más ricos pueden permitirse el lujo de vivir sin trabajar, pero nada más; la vida de Bilbo no es la de un terrateniente multimillonario que nada en la opulencia. Vive como cualquiera otro de sus vecinos, con la única diferencia de que no tiene que trabajar.
Abandonando la Comarca, podemos entrar en el análisis de los núcleos de población Noldo que quedan en la TM durante la Tercera Edad. La denominación “núcleos de población” no es gratuita; ni con un gran esfuerzo de imaginación se les puede considerar nada remotamente parecido a Estados. Estoy hablando de Lindon y Rivendel.
Ambas son comunidades pequeñas, con un liderato político muy diluido y una fuerza militar muy escasa. Además, los habitantes de esas comunidades son conscientes de su provisionalidad: los Noldor que quedan en la TM durante la Tercera Edad son conscientes de que tarde o temprano deberán retornar a Aman. Esto causa que en ambas comunidades el aparato burocrático y administrativo estatal sea nulo o escasísimo, y que no se adopten decisiones de alto gobierno. En Lindon, Círdan se encarga de la gestión (controlar que todo vaya más o menos bien y supervisar la construcción de los barcos), mientras que en Rivendel Elrond, como señor de la Casa, adoptaría las decisiones pertinentes contando con el asesoramiento de otros habitantes de Rivendel (Erestor, Glorfindel, etc...).
Siguiendo con los Elfos, llegamos a los territorios de los Sindar y Silvanos. Dos son los principales territorios: Lórien y el Reino del Bosque. En Lórien, la autoridad la detenta Galadriel (eso es bastante obvio) pero, igualmente, es una comunidad cerrada y pequeña, con escasas o nulas relaciones con el exterior. En Lórien, los habitantes se limitan a dejar pasar el tiempo, y su líder adopta la misma actitud. Por supuesto, la palabra de Galadriel es la ley, y puede considerarse (en cierto modo) que es una monarca absoluta (no hay unas Cortes que contrapesen su soberanía) pero parece bastante claro que, una vez más, las decisiones a adoptar son mínimas, normalmente de ámbito militar (organización de patrullas como la de Haldir, etc..). Teniendo en cuenta además que tampoco en este caso parece haber aparato estatal y que no hay relaciones diplomáticas tenemos una situación similar a la de Lindon y Rivendel, aunque Galadriel parece tener más poder sobre su territorio que Círdan y Elrond sobre los suyos.
Lórien es además el Estado en el que más claramente puede verse la importancia de la magia, como ya señalaba anteriormente.
El Reino del Bosque es más parecido a un Estado medieval ordinario. Tiene relaciones comerciales (al menos, con Ciudad del Lago, y es posible que con Dorwinion y otros territorios orientales), mantiene un ejército regular (más o menos) y también un cuerpo regular de patrullas de cazadores de arañas. Las decisiones corresponden a Thranduil, Rey del Bosque. La organización del reino debe ser muy escasa, pero existente. Incluso es posible que exista un sistema tributario y que los Elfos del Bosque paguen impuestos para mantener los gastos militares (y la Corte), aunque es más probable que la Corte se autofinancie mediante el comercio (que sería ejercido por la Corona en régimen de monopolio) y sea ella misma la que mantenga el ejército y los cazadores de arañas.
Pasemos ahora a los Enanos. En la Tercera Edad, sólo quedan tres (o dos) asentamientos Enanos en la TM: las Montañas Azules, la Montaña Solitaria y las Colinas de Hierro (aunque este último es dudoso). En cualquier caso, varias cosas son comunes a cualquier comunidad Enana: en primer lugar, la existencia de un Rey absoluto del territorio, que puede imponer su voluntad a todos los Enanos (y a los que no son Enanos) que habiten en él; y en segundo lugar, que los Enanos sometidos a este Rey están además sometidos al Patriarca de su Tribu. Así, los Enanos se encuentran con una doble sumisión (personal y territorial) que seguro debería causar problemas cuando los Reinos estaban formados por Enanos de distintas tribus. Además, teniendo en cuenta que tanto el Rey como el Patriarca son autoridades políticas y militares, no sería improbable que hubieran conflictos entre los Enanos causados por órdenes (o leyes) contradictorias dictadas una por el Rey y otra por el Patriarca.
Además, los Enanos que no pertenecen a la Tribu de Dúrin se encuentran sometidos a una tercera sumisión: el Patriarca de esta Tribu es considerado como el Padre de los Enanos (al respecto es interesante la conversación mantenida tras la batalla de Nanduhirion entre Thráin y los demás Enanos, cuando éstos, después de recordar que Khazad-Dûm no era la casa de sus Padres, le dicen: “Tú eres el Padre de nuestro Pueblo, y por ti hemos sangrado, y volveríamos a sangrar”; Apéndice A del SdA). La palabra del heredero de Dúrin es universalmente respetada por cualquier Enano, lo que añade un tercer factor que dificulta más aún el panorama. Seguramente, la situación se resolvería dando preferencia a las leyes del señor territorial sobre las del Patriarca, por una cuestión práctica: el señor territorial puede controlar mucho mejor el cumplimiento de sus normas por parte de los habitantes de su territorio que el Patriarca. En cuanto a las facultades del heredero de Dúrin, parecen limitadas a supuestos excepcionales (como el grave insulto a su dignidad realizado por Azog el trasgo).
He señalado que el asentamiento en las Colinas de Hierro es dudoso porque no está claro si es una colonia permanente o un simple campamento minero. Desde luego, me inclino por considerarlo como una colonia permanente; aparentemente, goza de un ejército regular (no me creo que un acantonamiento realizado entre la población civil permita armar un ejército de 500 enanos de una manera tan rápida como pasa en “El Hobbit”, y menos aún que permita equiparlos de manera regular) y se encuentran en los Apéndices referencias a su colonización. Pero el hecho de que Dáin se traslade a Erebor después de la muerte de Smaug puede dar a entender que las Colinas eran un asentamiento provisional y que, una vez reconquistado Erebor, las Colinas de Hierro son abandonadas. En apoyo de esta postura se puede decir que, durante la Guerra del Anillo, no hay batallas en las Colinas de Hierro ni en sus proximidades (es improbable que los Enanos que habitaran allí dejaran pasar tranquilamente al ejército de Sauron y no acudieran en ayuda de Dáin) y que sólo se tienen noticias de un mensajero de Sauron enviado a Erebor, cuando si hubieran enviado mensajeros a las Colinas de Hierro Glóin habría estado informado de ello y lo habría comunicado en el Concilio de Elrond. La situación no está demasiado clara.
Pasemos ahora a los reinos más “clásicos” en su organización social: Rohan y Gondor. Rohan es un típico Estado feudal, organizado en señoríos (como el Folde Este y el Folde Oeste) y donde los nobles tienen sus propias milicias (léods) y, aunque se encuentran sometidos a la autoridad del rey, éste se encuentra en una posición muy precaria y los nobles tienen una gran capacidad de maniobra para adoptar sus propias decisiones. Podemos verlo con bastante claridad en el SdA: Éomer y Erkenbrand están al mando de sus respectivos léods y actúan como quieren defendiendo las fronteras de los enemigos, incluso contra las órdenes directas de Théoden. Otra prueba para apoyar esta teoría es que, después de la batalla del Abismo de Helm, Théoden se ve obligado a realizar un acantonamiento para reunir a un ejército mínimamente serio. No hay un ejército profesional rohirrim, y el rey depende de los léods de los nobles y de los acantonamientos de población civil para reunir las suficientes tropas. Además, el propio Théoden dice: “el Señor Denethor sabe que somos un pueblo más apto para combatir a caballo y en campo abierto, y que vivimos dispersos y necesitamos cierto tiempo para reunir a nuestros jinetes”. Dos cosas quiero destacar de esta frase: “vivimos dispersos”, es decir, no sólo no hay grandes núcleos de población sino tampoco guarniciones militares permanentes a las que recurrir rápidamente en una situación de crisis; y “reunir a nuestros jinetes”, es decir, Rohan no tiene soldados regulares, pero sí jinetes, y sólo se necesita tiempo para reunirlos, pero no para darles entrenamiento o equiparlos. Seguramente, todos los rohirrim, desde los nobles hasta los pequeños propietarios, recibían instrucción militar desde su infancia, y tendrían el equipamiento necesario para partir a la batalla en cuanto se les hubiera reunido. Por supuesto, existían soldados rohirrim más o menos profesionales (la guardia de Théoden, los hombres del Abismo de Helm…) pero eran una minoría.
Gondor es, quizá, el Estado donde más discusión se suscita sobre su organización. Muchos ven a Gondor como una especie de traslación a la TM del Imperio Romano, y apoyan su teoría en que el ejército númenóreano (y la mayor parte del gondoreano) está claramente inspirado en el ejército romano. Pero esta concepción es, a mi juicio, errónea. Gondor es también un Estado feudal, aunque con algunas características peculiares que le distinguen de otros Estados feudales, como podría ser el mismo Rohan. Hay muchas pruebas del carácter feudal de Gondor, pero la principal la podemos encontrar en el capítulo I del libro V del SdA (el tercer tomo): la entrada de las tropas de los feudos del Sur en Minas Tirith. Gondor carece de ejército propiamente dicho; depende de las tropas que mandan los distintos señores feudales, desde Forlong de Lossarnach hasta Imrahil de Dol Amroth. Denethor es el señor de un reducido número de tropas, que serían las fuerzas propias de Minas Tirith, y como Senescal de Gondor los demás señores feudales le deberían respeto y obediencia. Pero nada más. Denethor no es un emperador, y tampoco lo sería aunque fuera rey en vez de Senescal; el hecho de no ser rey no significa nada, en realidad, pues en la práctica tiene los mismo poderes que habría tenido cualquier rey.
La principal especialidad radica en un concepto difícil de explicar en nuestros días: la distinción que hacían los romanos entre potestas y auctoritas. La potestas es el poder político, el poder que puede imponer sus decisiones mediante la coacción y la fuerza; mientras que la auctoritas es una autoridad moral. Alguien investido de auctoritas es obedecido no porque pueda imponer sus decisiones, sino porque sus decisiones son sabias y justas (en teoría). Para los romanos, desobedecer una orden del Senado (que, por definición, era el órgano dotado de auctoritas ) era sencillamente impensable. Puedes desobedecer una orden de (p. e.) un cónsul, investido de potestas, y te enfrentarás a un castigo. Pero, simplemente, es inimaginable que alguien desafíe a la auctoritas. No hay sanciones previstas para quienes actúen así, porque nadie va a actuar así.
El régimen feudal se apoyaba exclusivamente en la potestas. Pero el Senescal de Gondor está dotado de auctoritas, y eso hace que, cuando el Senescal está en peligro, todos los señores feudales acudan ante él, para ayudarle aún sabiendo que seguramente eso va a significar su propia muerte. Esta superior categoría moral que tienen los Senescales como sucesores de los reyes de antaño impone una diferenciación importantísima respecto de cualquier otro reino feudal: no van a haber nobles traidores, ni que peleen entre sí. Podrán tener sus diferencias y hacer de su capa un sayo en sus propios territorios, pero una palabra del Senescal bastará para acallar cualquier conflicto. Además, para la mentalidad gondoreana es impensable la traición o la desobediencia al Senescal. Sólo en el caso extremo de que sea evidente que el Senescal no está siendo sabio y justo se le puede desobedecer, pero sólo podemos encontrar el ejemplo de la locura de Denethor y vemos que, aún en esas circunstancias, sólo Beregond es capaz de reunir el suficiente ánimo para enfrentarse a su señor. Además, el hecho de que Denethor esté investido de auctoritas respecto del resto de Gondor no excluye que ostente potestas directa sobre Minas Tirith y sus habitantes; la relación entre Beregond y Denethor sería más de potestas que de auctoritas.
Pasemos ahora a los enemigos. Trataremos de Khand, Mordor y Harad, por este orden. Esto es así porque van en nivel de complejidad ascendente, por lo que considero apropiado ir de menos a más complicado.
Khand es el territorio donde habitan los Variags. Los Variags son una tribu seminómada y bastante poco desarrollada tecnológicamente. Seguramente, su organización no sería muy distinta a la de los hunos o los mongoles de la antigüedad. Son básicamente un pueblo guerrero, utilizado como carne de cañón por Sauron. El dominio de Sauron sobre los Variags es absoluto, y podría provenir de varias causas. Seguramente, Sauron utilizaría sus poderes para presentarse ante los Variags como un dios, y no es descartable que regalara objetos mágicos poco poderosos (p. e. anillos menores) a los líderes de los Variags para asegurarse su fidelidad.
La organización interna de Mordor asume dos niveles distintos: los orcos, y el resto. La organización de los orcos, simplemente, no existe: los orcos van de un lugar a otro cumpliendo órdenes. No son completamente estúpidos (al menos, no todos) pero los que son inteligentes saben que se espera de ellos que se limiten a obedecer las órdenes de los Nazgûl y de sus emisarios. Son simples guerreros, encuadrados en una estructura militar permanente.
En cuanto al resto de organización del país (la economía, la administración, las relaciones internacionales) no hay datos claros. Personalmente, mantengo la teoría de que había un cuerpo de “funcionarios”, seguramente humanos ambiciosos, Númenóreanos negros, traidores a los Estados “de la luz” y quizá algún orco especialmente brillante (aunque esto es muy dudoso, porque los orcos no reciben ningún tipo de educación más allá de la más elemental instrucción militar). Estos funcionarios oscuros se encargarían de la gestión ordinaria de Mordor: el avituallamiento de las tropas; la organización de los trabajos de los esclavos en las forjas, las minas y los campos, etc.. La Boca de Sauron sería el principal de estos funcionarios, obsérvese de él que se dice que es “el Lugarteniente de la torre de Barad-dûr” (SdA, libro V, capítulo X). Seguramente, cuando no estuviera recibiendo instrucciones de Sauron sobre la guerra (porque parece lógico que Sauron no hablara directamente con sus tropas, sino que utilizara como intermediarios tanto a la Boca como a los Nazgûl) estaría encargándose de estas cuestiones administrativas. Parece probable que al cargo de otras localizaciones importantes (Minas Morgul, Dol Guldur, etc…) hubieran otros Lugartenientes, similares (pero subordinados) a la Boca, encargándose de esta gestión. En Cirith Ungol no lo había, sólo habían guerreros orcos, pero esto puede explicarse de dos modos distintos: o bien en esta torre había uno de esos (hipotéticos) orcos especialmente brillantes; o bien, dado que Cirith Ungol parece una fortaleza meramente militar, no había nadie encargado de estas cuestiones, y los orcos se limitaban a esperar los envíos de víveres, armamento, equipo y similares que les llegaran desde el interior de Mordor, y una vez los tenían los repartían como corresponde a tan civilizadas criaturas (el que más pueda, para él).
Por último, Harad. La mayoría de la gente tiende a considerar que Harad tan sólo es el espacio geográfico al sur de Gondor, y los Haradrim son sus habitantes. Los Haradrim son, para los gondoreanos, todos los que vivían al sur del Gondor, igual que los bárbaros eran, para los romanos, todos los que vivían fuera de las fronteras del Imperio. Es decir, dos Haradrim no tienen por qué tener nada en común entre sí, al igual que un huno no tenía nada que ver con un alano o un vándalo.
Esta afirmación me parece apresurada y equivocada. A mi juicio, hay los suficientes indicios en las obras de Tolkien para poder afirmar que los Haradrim son un pueblo con una conciencia unitaria, quizá desperdigado en diferentes unidades políticas, pero con un sentimiento de unidad y diferenciación frente a otros pueblos, especialmente el de los Númenóranos negros de Umbar y los dúnedain de gondor. No considero conveniente exponer aquí todo el razonamiento, pero sí una frase de Tolkien que me parece lo suficientemente lapidaria: “había dos de ellos, Herumor y Fuinur, que crecieron en poder entre los Haradrim, un pueblo..” (De los Anillos del Poder y la Tercera Edad).
La evolución pudo haber sido algo así: durante la Segunda Edad, Sauron se presenta ante los Haradrim como un dios, y los hombres empiezan a adorarle. En este momento los Haradrim deben ser un pueblo básicamente nómada, organizado en pequeñas tribus o clanes, y con un desarrollo tecnológico similar al de los Variags. Pero Sauron les enseña la metalurgia y la arquitectura, y empiezan a construir ciudades de piedra y a asentarse. Sauron cae en desgracia, y sus secuaces pueden retener Mordor en su poder y mantenerlo más o menos estable para cuando retorne, pero no pueden controlar todos los territorios del Este y del Sur que Sauron había ganado. Harad se desarrolla en pequeñas ciudades-Estado, quizá con relaciones feudovasalláticas entre sí y con una ciudad preponderante. Tras la caída de Númenor, los Númenóreanos negros se establecen definitivamente en Umbar (hasta ese momento podemos considerar que sólo era un puerto de entrada a la TM, apto para lanzar operaciones militares o de saqueo, pero no para establecerse) y empiezan una política expansionista hacia Harad. Herumor y Fuinur consiguen convertirse en líderes de los Haradrim (quizá recurriendo a sus conocimientos sobre Sauron, presentándose como sus enviados ). Una vez consolidado su poder, Harad está por completo sometida a Umbar. Esta situación dura hasta la Guerra de la Última Alianza, donde los Haradrim son machacados y Herumor y Fuinur perecen.
Durante los primeros años de la Tercera Edad, los Haradrim se recuperan de la derrota y vuelven a la misma situación que antes de la llegada de Herumor y Fuinur. Posteriormente, Harad será presa de la política expansionista de los reyes de Gondor, especialmente Hyarmendacil. Las ciudades-Estado Haradrim se convierten en reinos tributarios de Gondor, lo que generará un sentimiento anti-gondoreano en las gentes de Harad.
Durante el declive de Gondor, Harad se libera de su sumisión. Pero queda nuevamente sometida a Umbar y a Mordor. La situación en la Guerra del Anillo debía ser más o menos así: parte del territorio de Harad controlado directamente por Umbar, con los Haradrim siriviendo en los ejércitos de los Corsarios como carne de cañón; parte del territorio controlado directamente por Mordor, con los reyes de este territorio enviando a Mordor grandes tributos de esclavos y soldados; y el resto, que serían las ciudades-Estado más pequeñas y las pocas tribus nómadas que aún quedaran, sometidas a Mordor con la obligación de acompañar a las huestes de Sauron a la guerra. “Estados-satélite”, vaya, con una relativa independencia para regular sus propios asuntos internos pero nula capacidad de decisión en su política exterior.
Tras la derrota de Sauron, la situación cambia radicalmente. Los Haradrim firman la paz con Gondor y, dado que Gondor ya no mantiene una política expansionista (al menos, mientras perdure la memoria del rey Elessar) y Umbar ya no está en disposición de mantener su control, las ciudades-Estado de los Haradrim pueden recuperar su independencia y organizarse como un territorio, quizá políticamente disgregado, pero con indudables lazos de identidad común; una nación sin Estado, si preferís verlo así.
Con esto terminan los breves apuntes sobre cada uno de estos territorios que quería dar. Quizá me haya excedido en cuanto a la longitud de esta conferencia; no quería hacerla tan larga. Pero lo que me interesa dejar claro antes de finalizar es que estas son sólo mis opiniones, que no son más válidas que las de ninguna otra persona, y que no significan que cualquiera que mantenga una opinión distinta esté equivocado. Como decía al principio, en este campo no se puede decir que una opinión es cierta, sino tan sólo que está bien (o mal) razonada. Y si estas líneas sirven para que quienes mantienen opiniones distintas se pongan a la faena de razonarlas, permitiendo así un debate fluido y un intercambio de opiniones que nos enriquezca a todos, no habré perdido el tiempo escribiendo esta conferencia.
Gracias por aguantarme hasta el final.
Fin del artículo, a mi me ha gustado mucho y espero que lo hayan disfrutado
PD: Los haradrim me dan pena xDD pobrecillos, siempre sometidos hasta el final de la guerra del anillo