CAPITULO 2: Los primeros pasos
Una tenue luz empezó a asomarse por el ventanuco del barracón, el cual comenzó a iluminarse a la vez que despertaba a los hombres que allí se hallaban durmiendo. De repente alguien que parecía entrar furioso y a un paso raudo y apresurado comenzó a gritar según abrió la puerta del emplazamiento:
- ¡ Vamos ratas de cloaca! ¡Todos arriba! ¡Ya son las 6 de la mañana y los entrenamientos no van a empezar solos ni os van a esperar! ¡Rápido, a la armería todos a por vuestras armaduras y presentaros en el patio de armas en 10 minutos!
Al instante los 100 hombres del barracón se pusieron en marcha, de una forma casi instantánea ya estaban corriendo a sus respectivos destinos. Áxor, aun andaba medio adormilado, pero un zapatazo en la cabeza de su compañero de litera mientras bajaba de su cama le acabó por despertar del todo. Apresuradamente llegó a la armería, allí preguntó por la armadura que tenía que llevarse:
-¡ Buenos días! ¿Cuál es armadura de los piqueros? Es el primer día de entrenamiento y ando un poco perdido…
-¿Ves esos armatostes de ahí, las de láminas rectangulares y triangulares? Pues esos, y creo que has de darte prisa hijo, si no quieres quedarte fuera el primer día. - Respondió el herrero que allí se hallaba guiando a los novatos.
Áxor, solo al verla ya empezó a tragar saliva, pero no dudó ni un minuto en ponérsela y apresurarse al patio de armas. Una vez allí, no se podía ver nada más que una inmensa masa metálica azulada, ya que de esos colores se componía la armadura, un azul metalizado, muy suave, apenas se apreciaba sin luz, pero con una iluminación idónea, el espectáculo de colores era maravilloso, un azul resplandeciente que iluminaba el valle de Erebor y sus entrañas. Corrió a ponerse firme, en primera fila vio un espacio, nunca le ha gustado exponerse al peligro, aunque en este caso de los oficiales e instructores se tratase. En ese preciso momento, un oficial apareció, y con una vara de madera en la mano derecha dijo con un tono alto de voz:
-Así que este es el nuevo regimiento, 1500 soldados listos y frescos para sufrir mi ira y posteriormente la de nuestros enemigos, bien. - todo esto mirando fijamente a los soldados y con una media sonrisa, muy desafiante.- ¡Tú! El de la primera fila, ¿Cómo te llamas? - dijo señalando a nuestro enano, el cual respondió nerviosamente:
- Áxor mi señor, natural de Erebor.
Desde que el padre de Áxor se enfadara con él por no poder hacer las pruebas de reclutamiento para la guardia, por vergüenza, Áxor nunca dice que Áxaron es su padre, qué dirían los demás enanos al ver que el hijo del capitán de la guardia real está enrolado en el ejército regular. Nada bueno pensaba Áxor.
- ¿Áxor eh? No sé a qué o quién me recuerda ese nombre, pero bueno, me da exactamente igual. - dijo el capitán con una voz dudosa al mismo tiempo que miraba al suelo pensativo, aun así volvió a dirigirse a él y le hizo otra pregunta. - ¿Sabes cómo funciona el batallón de piqueros? ¿Sabes cómo combatimos? ¿O por lo menos cómo se compone y divide nuestro Batallón?
-No señor, la verdad es que no. - Respondió Áxor, firme y sin duda ninguna.
Durante los siguientes meses realmente aprendieron cómo funcionaba, desde conceptos teóricos, a la práctica. La misión de los oficiales era preparar física y psicológicamente a 3000 soldados capaces de llevar a cuestas una armadura que pesaba el doble de una completa de martillador siniestro, la unidad de élite de la infantería ligera. Al mismo tiempo habían de aprender los principios básicos de los piqueros y su formación, empezando por el término auténtico por el que se les conocía, la falange azul, falange por la formación en sí, azul por el color de la armadura. Durante el tiempo de instrucción se les metió en la cabeza que la falange funciona como una única unidad, se mueven juntos, combaten juntos, no se separan en ningún momento, los soldados han de cubrirse mutuamente. El escudo de los falangistas o piqueros, era mucho mayor que el de la infantería ligera, dos veces más grande aproximadamente, con él cada soldado protegía la parte izquierda de su cuerpo y la derecha de su compañero, es decir, cada soldado protegía al hombre de su izquierda. No llevar a cabo ese acto, o romper la falange no solo ponía en peligro a él mismo o a su compañero, sino a toda la formación, puesto que la armadura al ser tan grande y pesada aunque convirtiese a los soldados en un autentico muro de escudos y pinchos, les hacía lentos y algo torpes en el combate individual, apenas tenían posibilidades de sobrevivir. A esto se le sumaba el yelmo, ya que al no poder protegerse o moverse ágilmente, este les cubría la totalidad de la cabeza y la cara, tan solo dejaba un pequeño orificio en los ojos y la boca, por el cual apenas veían bien, tan solo lo que les venía por delante, de ahí el luchar juntos hombro con hombro, si rompían ese principio, estaban perdidos.
El batallón Fénix se componía de unos 3000 enanos, los cuales se dividían en dos regimientos de 1500, que a su vez se separaban en seis compañías de 500 hombres, tres cada regimiento, y cada compañía en cinco unidades de 100. Obviamente, el batallón no operaba en conjunto, sería muy caótico, la unidad y la compañía eran las formaciones idóneas para ello, dependiendo del terreno, el número de enemigos y si iban a cargar o iban a ser cargados. Solían colocarse en cuadrículas de 10x10 (frente x profundidad) o de 50x10, dependiendo el interés y el terreno. Al mismo tiempo, cada unidad estaba compuesta por grupos de enanos a ser posible conocidos previamente al combate: familiares, amigos o gente cercana. Esto hacía que se acrecentase el apoyo mutuo entre ellos, y que se redujesen las posibilidades de romper filas, aunque siempre tiene que haber un lado malo, o desventajoso, ver caer a tus familiares y amigos, tampoco es lo más idóneo durante el combate, pero la preparación psicológica de estos estaba realizada de tal forma que, si ocurría algo del estilo, se respondiese con más furia y rabia a la vez de incrementar aún más el sentimiento de unidad.
Pasaban los días, las semanas y los meses, la tropa cada día estaba más cansada, pero cada vez eran más fuertes y certeros con la pica, eso fue lo que más les costó, aprender a usarla bien, puesto que era una lanza de unos 5 metros de longitud, con la que podían mantenerse a distancia del enemigo, ir diezmando sus fuerzas, o hacerle retroceder hasta que la infantería ligera, mediante unos movimientos y manipulaciones de tropa, se plantaba en primera línea de frente combatiendo contra un enemigo cansado y herido, fácil de aniquilar.
Uno de esos días, en los que los entrenamientos habían dejado exhausto a nuestro enano y sus compañeros surgió una conversación en el barracón, en la que nuestro enano comenzó diciendo:
- Joe… llevamos varios meses entrenando, adquiriendo conocimientos de combate y estrategia, pero ¿cuándo van a llevarnos a combatir? No podemos estar ensayando siempre con la infantería ligera los movimientos de carga así como los de relevo y cambio de líneas, es un muermo…
- Cálmate soldado, - dijo una tenue voz que provenía de uno de los hombres que frente a Áxor de encontraban.- no tenemos ninguna prisa, yo no por lo menos, no tengo ganas de morirme ya.
- ¡Pero la guerra ha estallado en el sur y en el oeste! ¿¡Es que no vamos a hacer nada!? ¡Se están matando y masacrando poblaciones y ciudades enteras! No podemos ser tan egoístas y sólo pensar en nuestro bien, si la Tierra Media cae en el sur, ¿por qué no iba a caer también aquí? Estamos más al margen, vale, pero no somos invisibles, y Erebor siempre ha sido objetivo del enemigo por su posición estratégica. -Dijo Áxor muy alterado y casi enfadado.
Fue en ese preciso momento en el que un hombre entró en el barracón gritando:
- ¡Dorncarn, la capital de Dorwiniony está siendo asediada!
La cara de Áxor cambió al instante, estaba casi asustado, empezaron los gritos y los murmullos en el barracón. Un oficial aparecía en el pasillo principal y comenzó a gritar dirigiéndose a todos los jefes de barracón y sus hombres:
- ¡Dorncarn ha sido atacada! Que el primer regimiento se prepare para marchar, partimos al amanecer.
En ese primer regimiento es en el que se hallaba Áxor, el cual al oír esas frases dibujó una leve sonrisa y con una cara de satisfacción pronunció:
- Aquí es donde empezará mi escalada hacia el objetivo que tanto deseo.